Hay momentos en los que sabemos que necesitamos avanzar, pero nuestro corazón sigue mirando hacia lo que dejamos. Una relación, una etapa, una costumbre o una versión de nosotras mismas que ya conocemos, aunque nos haya causado dolor.
Soltar cuesta. A veces, lo conocido nos parece más seguro que un futuro que todavía no podemos ver.
La historia de la esposa de Lot nos invita a detenernos y examinar hacia dónde está dirigida nuestra mirada.
Cuando Dios nos llama a salir
En Génesis 19, antes de la destrucción de Sodoma, Lot y su familia recibieron una instrucción clara: debían escapar y no mirar atrás. Sin embargo, la esposa de Lot miró hacia atrás y se convirtió en una estatua de sal (Génesis 19:17, 26).
El relato no explica exactamente qué pensaba o sentía ella. No sabemos si miró por tristeza, temor o apego. Pero sí sabemos que, en un momento en el que debía seguir adelante, volvió su mirada hacia el lugar del que Dios la estaba sacando.
Mucho después, Jesús dijo:
«Acordaos de la mujer de Lot».
—Lucas 17:32
En ese pasaje, Jesús habla de estar preparados y advierte sobre aferrarnos a lo que dejamos. Su llamado nos lleva a una pregunta personal: ¿hay algo a lo que sigo aferrada que está dificultando mi obediencia a Dios?
Podemos avanzar por fuera y seguir atadas por dentro
A veces damos un paso hacia adelante, pero seguimos alimentando lo que necesitamos soltar.
Sucede cuando volvemos una y otra vez a conversaciones que nos hieren. Cuando idealizamos una etapa y olvidamos cuánto sufrimos en ella. Cuando creemos que nuestra mejor oportunidad ya pasó o que nuestros errores tienen la última palabra sobre nuestro futuro.
Recordar forma parte de nuestra historia. Podemos llorar una pérdida, agradecer lo vivido y reconocer lo que nos marcó. La dificultad aparece cuando el pasado comienza a dirigir las decisiones del presente.
Puedes honrar lo que viviste sin quedarte a vivir allí.
Lo familiar también puede impedirnos crecer
Hay cosas que cuesta dejar, simplemente porque aprendimos a vivir con ellas.
Nos acostumbramos a buscar aprobación, a cargar responsabilidades que no nos corresponden o a hablarnos con dureza. Aunque esas formas de vivir nos desgasten, cambiarlas puede producir temor.
Por eso necesitamos pedirle al Señor discernimiento. ¿Qué debemos conservar con gratitud? ¿Qué necesitamos sanar? ¿Qué debemos dejar de alimentar?
Seguir a Dios requiere confianza, especialmente cuando aún no tenemos todas las respuestas. Podemos dar el siguiente paso en obediencia mientras Él trabaja en nuestro corazón.
Avanzar también puede incluir lágrimas
Quizás hoy estás atravesando una despedida o aceptando que algo no será como esperabas. Puede que tengas paz con una decisión y, aun así, sientas tristeza.
Las lágrimas no significan que estés retrocediendo. Sanar lleva tiempo, y buscar apoyo puede formar parte de ese proceso.
Pablo expresó su determinación de seguir hacia la meta a la que Cristo lo había llamado (Filipenses 3:13–14). Su pasado era real, pero su vida tenía una dirección en Jesús.
Nosotras también podemos reconocer nuestra historia y seguir caminando. Un paso puede ser dejar de revisar aquello que reabre una herida. Otro, pedir perdón, establecer un límite saludable o buscar ayuda para procesar lo vivido.
Hoy, vuelve tu mirada al Señor
Amiga, quizás no puedes cambiar lo que sucedió, pero hoy puedes llevarlo a la presencia de Dios.
Entrégale lo que extrañas, lo que todavía te duele y esas preguntas que siguen sin respuesta. Permite que Su Palabra oriente tus decisiones. No necesitas tener todo el camino resuelto para obedecer el paso que hoy tienes claro.
La historia de la esposa de Lot es una advertencia seria sobre escuchar a Dios y responder a Su llamado.
Que al recordarla podamos examinar nuestro corazón y decir: “Señor, ayúdame a seguirte aun cuando soltar me cueste”.
Mira hacia adelante: el mismo Dios que te sostuvo ayer te acompaña hoy.
Para reflexionar: ¿Qué estoy sosteniendo del pasado que necesito poner hoy en las manos de Dios?
