He aprendido que la vida no se queda quieta. Cambia, se mueve, y muchas veces nos sorprende. Hay temporadas que llegan con alegría y otras que aparecen sin avisar, trayendo preguntas, silencio y espera. Pero con el tiempo he entendido algo importante: Dios nunca pierde el control de las estaciones de nuestra vida.
Primavera: cuando Dios nos recuerda que aún hay esperanza
Hay momentos en los que Dios vuelve a sembrar en nuestro corazón. Ideas nuevas, sueños que creíamos olvidados, fe que parecía apagada. La primavera no siempre llega de golpe; a veces empieza con pequeños brotes de esperanza. He aprendido a confiar, incluso cuando lo que nace es frágil.
“El que comenzó la buena obra en ustedes, la perfeccionará” (Filipenses 1:6).
Verano: cuando Dios fortalece lo que sembró
En esta temporada, Dios nos enseña a perseverar. No todo es fácil, pero sí significativo. Hay crecimiento, madurez y fruto. He entendido que el calor no viene para destruir, sino para fortalecer raíces profundas. Dios usa cada desafío para formar carácter y fe firme.
“Los que esperan en el Señor renovarán sus fuerzas” (Isaías 40:31).
Otoño: cuando Dios nos invita a soltar
Soltar duele, pero libera. He pasado por momentos donde tuve que dejar ir personas, planes o etapas que amé. Y aunque al principio cuesta, Dios siempre muestra que soltar también es obedecer. Nada cae sin propósito en Sus manos.
“Echen sobre Él toda ansiedad, porque Él cuida de ustedes” (1 Pedro 5:7).
Invierno: cuando Dios trabaja en silencio
El invierno es la temporada que más nos prueba, pero también la que más nos forma. Cuando todo parece detenido, Dios sigue obrando. En el silencio, Él sana, restaura y prepara el corazón para lo que viene. Aprendí que el descanso también es fe.
“Quédense quietos, y reconozcan que Yo soy Dios” (Salmos 46:10).
Reflexión
Si hoy te encuentras en una temporada difícil, recuerda esto: no estás atrasado, no estás olvidado y no estás solo. Dios camina contigo en cada estación. A su tiempo, volverás a florecer.
“Todo tiene su tiempo, y todo lo que se quiere debajo del cielo tiene su hora.” — Eclesiastés 3:1

Leave a comment