Los Zapatos y el Corazón de un Pastor

Los zapatos de un pastor cuentan una historia que pocas veces se ve. No son solo un par de zapatos, sino el reflejo de una vida de servicio y sacrificio. Cada paso que dan carga con alegrías, luchas, lágrimas y oraciones.

Zapatos que recorren caminos invisibles

Los zapatos de un pastor no solo pisan el púlpito los domingos. Caminan hospitales para visitar a los enfermos, recorren hogares para llevar consuelo, atraviesan madrugadas de oración y se plantan firmes en medio de la tormenta para sostener a otros. A veces están gastados, porque antes de cuidar de sí mismo, cuida de su rebaño.

El corazón detrás de los pasos

Detrás de esos zapatos está el corazón de un pastor: un corazón que late con compasión, que se alegra con cada alma alcanzada y que también sufre en silencio por cada oveja que se pierde.

Es un corazón que carga peso, porque ama más allá de lo que se ve, porque ora en secreto, porque intercede como si cada problema fuera suyo. Ese corazón refleja al Buen Pastor, que entregó su vida por sus ovejas.

Zapatos que inspiran, corazón que guía

Cuando vemos los zapatos de un pastor, recordamos que cada paso ha sido sostenido por la gracia de Dios. Y cuando miramos su corazón, entendemos que no camina por ambición, sino por amor. Aunque los zapatos sean de barro, Dios los usa para llevar esperanza; y aunque el corazón sea humano, Dios lo llena de Su Espíritu para pastorear con fidelidad.

Una invitación

Los zapatos y el corazón de un pastor nos enseñan a orar por quienes nos guían, a valorar su labor y a reconocer que, detrás de cada mensaje, hay pies cansados y un corazón que decidió no detenerse.

“Y os daré pastores según mi corazón, que os apacienten con ciencia y con inteligencia” (Jeremías 3:15).

Pregunta para tus lectores:

¿Cuál es la huella que los zapatos y el corazón de tu pastor han dejado en tu vida?

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