Seamos honestas: nadie quiere escuchar un “no”, y menos cuando viene de Dios.
Una ora con fe, se emociona, hace planes mentales, ¡hasta se imagina el final feliz!
Y de repente… ¡boom! Cierre celestial automático.
Sí, me ha pasado. Y si estás leyendo esto, seguro a ti también.
Mi diálogo interno con Dios (versión realista)
Yo: “Señor, abre esta puerta. Sé que es buena, ¡yo la veo clarita!”
Dios: “No.”
Yo: “Perdón… ¿Eso fue un ‘no’? ¿No será que no me escuchaste bien?”
Así fue más de una vez. Le pedí a Dios cosas que parecían perfectas: relaciones, trabajos, sueños.
Yo tenía la visión… y Dios tenía el freno de emergencia.
En el momento, me dolió. Lo cuestioné. Hice drama. Pero con el tiempo, entendí algo que me cambió la perspectiva:
Dios ve lo que yo no veo
Ese “no” que me rompió el corazón fue, en realidad, una forma de protección.
Sí, aunque suene raro, a veces Dios me ha salvado… ¡de mí misma!
Porque si me hubiera dicho “sí” a todo lo que yo quería, probablemente estaría frustrada, perdida, y tal vez hasta desconectada de Él.
El “no” de Dios no es rechazo, es dirección.
Como una mamá que no deja que su hijo desayune papitas con helado: no es falta de amor, ¡es justamente lo contrario!
Hasta Jesús recibió un “no”
Esto me impactó:
“Padre, si quieres, pasa de mí esta copa; pero no se haga mi voluntad, sino la tuya.”
(Lucas 22:42)
Jesús pidió no tener que pasar por el sufrimiento. Y el Padre le dijo que no.
No porque no lo amaba, sino porque había un plan más grande… ¡tú y yo!
Ese “no” nos trajo redención, esperanza y vida.
Lo que aprendí con los “no” de Dios
1. No siempre entiendo, pero Él siempre sabe.
2. A veces oro por algo, y Dios me responde con algo mejor.
3. Los “no” duelen… pero con el tiempo, se transforman en testimonios.
Oración
Señor, confieso que a veces me cuesta aceptar tus “no”.
Me frustro, me impaciento y hasta dudo.
Pero hoy elijo confiar.
Aun cuando no entiendo, quiero creer que tú estás cuidando mi camino.
Y cuando llegue tu “sí”… lo voy a celebrar como nunca. Amén.
Y tú, amiga…
¿Te ha pasado que Dios te dijo “no” y después entendiste el por qué?
¿Estás esperando una respuesta ahora mismo y no sabes qué hacer?
Cuéntame en los comentarios o en mensaje privado. Me encantaría orar contigo.
Y si este blog te habló al corazón, compártelo con alguien que también esté en una temporada de espera.
A veces, solo necesitamos que alguien nos recuerde que Dios sabe lo que hace. Siempre.

Leave a comment