Un viaje personal sobre el valor de la amistad
Hay amistades que llegan como un regalo inesperado, y otras que se van sin previo aviso. Algunas florecen con los años, se profundizan, se vuelven parte de tu día a día… y otras simplemente se desvanecen con el tiempo, con la distancia o con los cambios de vida.
He aprendido a aceptar que no todas las amistades están hechas para durar toda la vida, pero eso no les quita valor. Algunas personas llegaron justo cuando las necesitaba, me ofrecieron compañía, risa, apoyo y cariño, y luego siguieron su camino. Al principio me dolía perderlas, como si su partida significara que algo estaba mal. Pero con el tiempo entendí que hay amistades que son estaciones, no destinos.
También están esas otras… las raras y valiosas, las que permanecen. Las que han visto mis días buenos y mis días oscuros, las que me escuchan sin juzgar, las que oran por mí, y me levantan con una palabra, un mensaje, o incluso con silencio compartido. Esas amistades no se compran, no se fuerzan. Se cuidan, se agradecen, y muchas veces, se forman desde la fe, desde Dios.
En todo tiempo ama el amigo, y es como un hermano en tiempo de angustia.”
— Proverbios 17:17
Cuál es el verdadero valor de la amistad?
Para mí, una amistad valiosa no se mide por la cantidad de mensajes, salidas o fotos juntas, sino por la profundidad del amor que hay en ella.
Una amistad real es aquella que:
• Te acepta con tu luz y tu sombra.
• Te dice la verdad con amor, aunque duela.
• Celebra tus logros sin envidia.
• Ora contigo, sueña contigo y te recuerda quién eres en Dios.
“ Mejor son dos que uno… porque si caen, el uno levantará a su compañero.”
— Eclesiastés 4:9-10
El valor de una amistad está en lo invisible: en lo que edifica, sostiene y deja huella en tu alma.
Si una amistad se rompe…
A veces duele cuando una amistad se termina. A veces hay malentendidos, otras veces simplemente caminos que ya no van en la misma dirección. He aprendido que soltar también es parte de amar. Dejar ir sin rencor, bendecir desde lejos, y seguir adelante sabiendo que Dios sigue trayendo personas correctas en el tiempo correcto.
“ Soportándoos unos a otros, y perdonándoos unos a otros… Así como Cristo os perdonó, así también hacedlo vosotros.”
— Colosenses 3:13
Mi oración por mis amistades
Le pido a Dios que me rodee de personas que sumen, que me impulsen a crecer, que me inspiren a amar más. Y también le agradezco por las amistades que ya pasaron, porque dejaron algo en mí.
Cada amistad verdadera es una semilla que florece en el corazón. Y cada despedida también puede ser una lección que nos acerca más a Él.
“ El justo sirve de guía a su prójimo; pero el camino de los impíos les hace errar.”
— Proverbios 12:26
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¿Y tú? ¿Qué amistades han marcado tu vida? ¿A quién necesitas agradecer… o soltar en paz?

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