Cuando Perdimos al Bebé

Encontrando el Consuelo de Dios en Medio del Dolor

Perder a nuestro bebé fue una de las experiencias más dolorosas que hemos vivido como familia. Ocurrió en casa, de forma repentina y llena de dolor. Nuestros corazones se rompieron. No había palabras—solo lágrimas y preguntas. No sabía cómo hablar con Dios, pero Él seguía allí.

En medio del silencio, Dios nos consoló con ternura. Habló a mi corazón a través de Su Palabra, del cariño de otras personas, y de momentos de paz que no puedo explicar.

Un versículo que me dio fuerza fue lo que dijo Job en medio de su pérdida:

“El Señor dio, y el Señor quitó; ¡bendito sea el nombre del Señor!”

— Job 1:21

Ese versículo significó más de lo que puedo expresar. Me recordó que todo lo que tengo—hasta la vida de un hijo—es un regalo de Dios. Aunque no entendía por qué tuvimos que despedirnos tan pronto, decidí confiar en que el amor de Dios no había cambiado. Alabarle en medio del dolor no significaba que no estaba sufriendo, sino que seguía creyendo que Él era bueno, aun en mi tristeza.

El dolor no desapareció de un día para otro, pero con el tiempo, Dios me ayudó a sanar. Aún llevo la memoria de nuestro bebé en el corazón y tengo la esperanza de que un día lo veré en el cielo.

“El Señor está cerca de los quebrantados de corazón; y salva a los de espíritu abatido.”

— Salmo 34:18

Aun en medio del duelo, he aprendido que Dios es fiel, amoroso y siempre está cerca.

💛 Una Palabra Final de Esperanza

Si estás atravesando una pérdida, quiero que sepas esto: no estás solo. Dios ve cada lágrima y sostiene cada pedazo roto de tu corazón. Un día, la alegría regresará. Hasta entonces, aférrate a Él—porque Él no dejará de sostenerte.

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